Era tu voz temblorosa y tus palabras sonaban sinceras
Tu mirada era estrellada pero me mirabas con firmeza
Tus manos eran de algodón pero sostenías las mías con fuerza
Recuerdo que te esforzaste por preparar aquel acontecimiento
y descubrimos en lo simple lo más bello
Era un día para siempre, felicidad compartida, un sueño por realizarse,
no felicidad que dura tan sólo un instante
Era tu corazón de carne, no de piedra
Eran tus lágrimas de hombre niño, no de cocodrilo
Era tu beso el amor que construimos y no un beso de Judas
Eras la promesa, eras anhelo.
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